Sube el telón y aparece dando traspiés, por el empujón que le dieron para que saliera al escenario, un saltimbanqui bastante pálido con lentes de miope severo, tratando de reír para estar más o menos a la altura de la gracia, mientras se dice a sí mismo: -“Yo, que no sé reír, estoy tratando de esbozar una sonrisa. En medio de este escenario, entiendo que se trata de la sonrisa de un hombre que no entiende nada, un tonto, probablemente”.
Irrumpe la música de los circos y los carnavales y nuestro actor empieza a ejecutar la sagrada función de improvisar. Los discursos concurren con la facilidad del charlatán que maneja las palabras con estudiados criterios investidos por los tecnicismos y las pseudociencias. La ovación no se hace esperar. Un mejor día para nuestro trágico saltimbanqui. La semana pasada fueron huevos y tomates podridos los que le lanzaron con furia. Esta semana no paran de aplaudirle. La fama –piensa- , “voto de las muchedumbres”. Recuerda que no puede dejar de desempeñar su oficio, sencillamente porque es el único que existe para él. Da una mirada fugaz al público y se da cuenta de lo cercano que está de todos esos miserables con los que comparte el oficio de saltimbanqui y han venido a su presentación para que ese gesto les sea retribuido. Mañana verá la función de cada uno de los que vinieron a presenciar su espectáculo.
Comienza el telón a bajar y nuestro personaje casi cae al suelo por el infinito agotamiento que lo invade después de cada actuación. Las cuerdas son manejadas por una hermosa mujer. Mágica tramoyista sin la cual el saltimbanqui, sencillamente, no existiría. Desde ese oscuro rincón ella suelo soplarle lo que tiene que decir cuando por cansancio, por tedio o por ambos, no recuerda el argumento. Ella lo recoge del sitio cuando el telón toca el suelo. Lo baña, lo viste, lo alimenta y lo consuela.
Mujer, alimento para el espíritu y para las carnes. Mina inagotable de hedonismo. Con tus múltiples efluvios y sagrados vahos íntimos. Único refugio tangible en esta tierra tan gastada.
Es tu fortaleza la que mueve los engranajes de este mundo tan carente de suaves vientos. Sólo ante tu presencia somos capaces de mostrarnos sin telas. Aunque tratemos de disimular nuestros infinitos y muchas veces infames defectos, sigues subiendo y bajando el telón en estos escenarios tan fríos. Esencia, principio y fin de todo proyecto inasible. Tu presencia es la parte viva de la vida, sin la cual, sabido es, el saltimbanqui habría desaparecido hace ya mucho tiempo.
Tomado del libro de mi autoría La creación del rosado, 2006.
