domingo, 6 de septiembre de 2026

LAS MUJERES Y LA VIDA

 


Sube el telón y aparece dando traspiés, por el empujón que le dieron para que saliera al escenario, un saltimbanqui bastante pálido con lentes de miope severo, tratando de reír para estar más o menos a la altura de la gracia, mientras se dice a sí mismo: -“Yo, que no sé reír, estoy tratando de esbozar una sonrisa. En medio de este escenario, entiendo que se trata de la sonrisa de un hombre que no entiende nada, un tonto, probablemente”.

Irrumpe la música de los circos y los carnavales y nuestro actor empieza a ejecutar la sagrada función de improvisar. Los discursos concurren con la facilidad del charlatán que maneja las palabras con estudiados criterios investidos por los tecnicismos y las pseudociencias. La ovación no se hace esperar. Un mejor día para nuestro trágico saltimbanqui. La semana pasada fueron huevos y tomates podridos los que le lanzaron con furia. Esta semana no paran de aplaudirle. La fama –piensa- , “voto de las muchedumbres”. Recuerda que no puede dejar de desempeñar su oficio, sencillamente porque es el único que existe para él. Da una mirada fugaz al público y se da cuenta de lo cercano que está de todos esos miserables con los que comparte el oficio de saltimbanqui y han venido a su presentación para que ese gesto les sea retribuido. Mañana verá la función de cada uno de los que vinieron a presenciar su espectáculo.

Comienza el telón a bajar y nuestro personaje casi cae al suelo por el infinito agotamiento que lo invade después de cada actuación. Las cuerdas son manejadas por una hermosa mujer. Mágica tramoyista sin la cual el saltimbanqui, sencillamente, no existiría. Desde ese oscuro rincón ella suelo soplarle lo que tiene que decir cuando por cansancio, por tedio o por ambos, no recuerda el argumento. Ella lo recoge del sitio cuando el telón toca el suelo. Lo baña, lo viste, lo alimenta y lo consuela.

Mujer, alimento para el espíritu y para las carnes. Mina inagotable de hedonismo. Con tus múltiples efluvios y sagrados vahos íntimos. Único refugio tangible en esta tierra tan gastada.

Es tu fortaleza la que mueve los engranajes de este mundo tan carente de suaves vientos. Sólo ante tu presencia somos capaces de mostrarnos sin telas. Aunque tratemos de disimular nuestros infinitos y muchas veces infames defectos, sigues subiendo y bajando el telón en estos escenarios tan fríos. Esencia, principio y fin de todo proyecto inasible. Tu presencia es la parte viva de la vida, sin la cual, sabido es, el saltimbanqui habría desaparecido hace ya mucho tiempo.




Tomado del libro de mi autoría La creación del rosado, 2006.


martes, 11 de agosto de 2026

EL PSIQUIATRA Y DON QUIJOTE

 


A Don Quijote le dio por tratar de defender causas justas, o sea, causas perdidas. Cuando Don Quijote salió a pelear por causas perdidas, todos pensaron que se trataba de un loco. Todos salvo Sancho. Como Don Quijote era visto como un loco, las personas entendieron por qué le había dado por resolver causas perdidas. Mi trabajo consiste en defender a los Quijotes del mundo. Para tratar de proteger y luchar por los Quijotes, decidí salir al cruel escenario del mundo y me hice psiquiatra, que es algo así como tratar de pelear por causas doblemente perdidas. Los psiquiatras somos defensores de Quijotes; por eso hay quienes piensan que también estamos locos. Sin embargo, existen Sanchos que creen ciegamente en nosotros.

Sancho Panza era un hombre ignorante que creía en Don Quijote. La locura de Don Quijote le dio vida a Sancho y lentamente lo fue transformando en un hombre mejor. Podríamos decir que Sancho era un iluso que se fue volviendo sabio. Tan intensa es la fuerza de la locura.

En el mundo (siempre escenario cruel), se nos castiga por volar. La fantasía (prima segunda de la locura) y la poesía (hermana mayor de la locura) muchas veces son perseguidas y hasta exterminadas. Con la fantasía, a veces se comete el temerario acto de acallarla por algún tiempo. Pero contra la poesía nadie puede. Ella (mujer al fin), se las ingenia para terminar siempre saliéndose con la suya. Resurge de la nada tantas veces como número de afrentas se comentan en su contra. Inevitablemente termina siempre saliendo airosa. Único repelente universal contra la muerte, suele salir de paseo con frecuencia, tomada de la mano de su muy querida hermanita, la traviesa locura.

Lo que la poesía ignora (o tal vez se hace la loca), es que la locura a veces se desdobla y se convierte en un espantoso monstruo de mil cabezas, que trae el sufrimiento y la amargura. Es aquí donde hace su aparición el psiquiatra. No podría ser más ambiciosa su labor: Tratar de hacer que el monstruo de mil cabezas vuelva a ser la traviesa hermanita de la poesía. Un viejo escudo de gran valor artístico hace juego con sus escasos, pero poderosos instrumentos de trabajo. Una linterna con seis pilas, un grueso libro sacado de un santuario llamado biblioteca científica, un puñado de cápsulas, alguna que otra inyectadora y una paradójica y mágica capa con la cual le es posible 'desaparecer sin dejar de ser visto', irrumpiendo entre los alborozos de la locura, con las palabras exactas, calculadas siempre con muy precisos cuentagotas.

Como toda batalla condenada a perpetuarse hasta el infinito, los resultados de tan ardua lucha van apareciendo en forma esporádica. Algunos días son de gloria y en otros, el negro luce más claro. El psiquiatra debe esperar siempre el traicionero ataque del peor de sus enemigos: La ignorancia que vulgarmente todo lo inunda. Temible reptil que se arrastra, y ante el cual debemos permanecer siempre vigilantes. Ningún grado de crueldad es mayor, que aquel que se comete por ignorancia, en este campo de batallas en donde tantos antecesores han sido vencidos.

Enrevesado trabajo este, el de andar de la mano con Don Quijote. Es mi vida, y no concibo otra manera de vivir.



Tomado del libro de mi autoría La creación del rosado, 2006.



viernes, 24 de julio de 2026

Mundos paralelos


Quizá por asuntos propios de mi profesión, he creado paralelismos perfectos e imperfectos con relación a lo que hago con mi vida. Para quienes no conocen nada de mi persona, o quizá conozcan algo, escribo estas líneas a manera de presentación. Un proyecto editorial me solicitó que dejara plasmada algunas cosas con respecto a mis vivencias y en eso se basa este texto.

Mi interés por la lectura comenzó a muy temprana edad. Parte de mi infancia lo viví en los Estados Unidos, lo cual me permitió leer y escribir en forma bilingüe y en casa se hablaba el dialecto siciliano, que lo aprendí de mi abuela materna. Esa multiculturalidad me ha acompañado toda mi vida y de ella estoy formado. Eso me llevó a interesarme por las más disímiles expresiones formativas, las cuales siempre entenderé por civilizatorias en el sentido de que todo hecho cultural de valor, parte de una instancia local y precisamente por ser “local” puede universalizarse. La razón es porque las verdaderas claves que nos unen a los humanos, cuando parten de un sitio y un tiempo en especial, propenden a tener un carácter universal. Empecé leyendo y pronto comencé a escribir. A los dieciocho años ya tenía una columna de prensa y he escrito una docena de libros de narrativa y ensayo.

A los 24 años de edad, ya titulado como Médico Cirujano, comencé a trabajar como médico rural en Abejales, Estado Táchira, Venezuela. Luego estuve ejerciendo en lugares excepcionales, como El Vigía y San Fernando de Apure. Conozco la Venezuela profunda y sus matices. Esa vivencia cambió mi vida de manera muy radical porque una cosa es estudiar en la universidad y otra ejercer la medicina y hacerla un asunto de vocación. En 1997 me titulé como psiquiatra (Especialista en Psiquiatría), formación que obtuve en la Escuela Vargas de la Universidad Central de Venezuela, lo cual me hizo adentrar en la grandeza y las miserias de lo humano de una manera privilegiada, por cuanto no es frecuente que una profesión lo lleve a uno directo al mundo enredado de los asuntos de la mente.

Regresé a Mérida, la ciudad donde nací y trabajé como psiquiatra a la par de poder desarrollar una carrera de profesor universitario de Psicología en la Universidad de Los Andes. Gané ese cargo por concurso de oposición en justa lid y transité por los escalones de ser profesor instructor, asistente, agregado, asociado y justo cuando iba a ascender como profesor titular y probablemente jubilarme, me vi forzado a migrar de mi país. Tuve que salir corriendo. En Venezuela pude titularme como Locutor en la Universidad Central de Venezuela y en Salud Pública, en la Universidad de Los Andes.

Luego de graduarme de Especialista en Psiquiatría y regresar a Mérida, comencé a estudiar filosofía de manera formal. Los estudios de filosofía los realicé en unos ocho años. Primero hice una maestría de tres años y luego me titulé como Doctor en Filosofía con una tesis que fue premiada, obteniendo mención honorífica, mención publicación y recibió una mención adicional al ser categorizada por el jurado como un aporte valioso a la filosofía. Esa experiencia termina por materializar una manera de ver cuánto me circunda y de cómo voy interpretando las cosas, pero también va a configurar todo sobre lo cual escribo, pues, a fin de cuentas, vamos expresando aquello que nos va nutriendo en el curso de nuestras vidas y la combinación entre ser médico psiquiatra con filósofo, es en realidad una expresión de una inquietud intelectual que nos ha marcado y definido.

A la par de mi propensión a la lectura, la escritura, la docencia y la realización de estudios formales, que implica el campo de la investigación, he cultivado el montañismo desde niño, cuando acompañaba a mi padre, en sus labores de botánico a descubrir los lugares más inimaginables en la Sierra Nevada de Mérida. Ese culto por los espacios abiertos, el respeto a la naturaleza y las largas caminatas son parte de mí y se han visto menguadas por una terrible lesión en una de mis rodillas que ha minimizado mis andanzas.

Tratando de desarrollar mundos paralelos, puedo decir que no sé si he logrado mi cometido. Creo que en realidad vamos amalgamando un solo mundo que es aquel del cual estamos hechos y que expresamos en nuestras maneras de comunicarnos. La expresión escrita, la cual se materializa en mi caso en artículos de prensa, libros de ensayos y narraciones que trato de cuidar con esmero, han formado un camino hasta llegar a donde estoy plantado. Una persona que ve al mundo con cincuenta y tantos años de edad, habiendo caminado un buen trecho, aderezado por un montón de aventuras que hacen del anecdotario personal un espacio para la reflexión acerca de la vida, sus infortunios y sus instantes de gloria.

Mención especial tiene ese lado de mi naturaleza en el cual he desarrollado la amistad. Soy un agradecido por los amigos que tengo, pero también he venido haciendo un descubrimiento que probablemente no imaginaba que se pudiese dar con fluidez. Resulta que conforme sigo avanzando en el tiempo y recorriendo espacios, voy conociendo gente nueva y los lazos de camaradería y afecto se siguen ensanchando.





Filósofo, psiquiatra y escritor venezolano.

alirioperezlopresti@gmail.com

viernes, 22 de mayo de 2026

Alirio Pérez Lo Presti


Psiquiatra en el Centro de Salud Mental y Comunitario Dr. Germán Greve Schlegel. Santiago, Chile.

Médico Cirujano por la Universidad de Los Andes de Venezuela.

Especialista en Psiquiatría por la Universidad Central de Venezuela.

Diplomado en Salud Pública (Universidad de Los Andes).

Locutor por la Universidad Central de Venezuela.

Doctor en Filosofía (Universidad de Los Andes), Magister Scientiae en Filosofía (Universidad de Los Andes).

Profesor-Investigador en la Universidad de Los Andes 2004-2019. Catedrático de las materias Psicología general y Psicología evolutiva.

Especialista en Psiquiatría Adultos en Chile. Certificado por 
CONACEM (Corporación Nacional Autónoma de Certificación de Especialidades Médicas). 


ÁREAS DE INVESTIGACIÓN: 
Trastorno afectivo bipolar. Trastornos afectivos. Depresión. Ansiedad. Esquizofrenia. Psicofarmacología clínica. Modelos educativos en salud mental. Filosofía contemporánea.


LIBROS PUBLICADOS:
-Para todos y para ninguno y otros ensayos. Consejo de Publicaciones de la ULA (2015).

-Los cambios psicológicos. Consejo de Publicaciones de la ULA (2013). -Psicología y contemporaneidad. Consejo de Publicaciones de la ULA (2012). Reimpreso en (2014 y 2015).

-Psicología. Lecturas para Educadores. Ensayo publicado por CODEPRE (2008), y la segunda edición aparece publicada por el Consejo de Publicaciones de la ULA (2010). Reimpreso en (2014 y 2015).

-Cuentos de monte y culebra. Antología de cuentos realizados en conjunto con Ricardo Gil Otaiza. Consejo de Publicaciones de la ULA (2009). 

-Suelo tomar vino y comer salchichón (Ensayos breves de filosofía ordinaria). Consejo de Publicaciones de la ULA (2009). 

-Historias de animalitos (Ensayos breves de filosofía corriente). Consejo de Publicaciones de la ULA (2008). 

-La verdadera historia de la perra caliente y otros relatos. Dirección General de Cultura y Extensión. ULA (2008). 

-Los peligros de comer cotufas (Ensayos breves de filosofía cotidiana). Consejo de Publicaciones de la ULA (2007). Reimpreso en (2008). 

-La creación del rosado (Ensayos breves de filosofía práctica). Consejo de Publicaciones de la ULA (2006). Reimpreso en (2007).


OTRAS PUBLICACIONES: 
Sus trabajos han sido editados en revistas especializadas indizadas, tanto científicas como humanísticas y tiene en su haber una extensa producción de artículos de prensa en múltiples diarios.



jueves, 10 de julio de 2025

Alirio Pérez Lo Presti


Alirio Pérez Lo Presti  es un escritor venezolano nacido en Mérida en 1966. Narrador, ensayista y articulista.    

Ha fijado su residencia en varios lugares, como Syracuse (New York), Valera, Canaguá, Abejales, El Vigía, San Fernando de Apure, Caracas y Madrid;  siendo los viajes y las mudanzas una constante en su vida. Escribe desde temprana edad, apareciendo su primer libro en 2006. Cofundador del suplemento literario El sombrero de copa. Actualmente vive en la ciudad de Santiago, Chile.  

Desde el punto de vista académico es Doctor en Filosofía (Universidad de Los Andes), Magister Scientiae en Filosofía (Universidad de Los Andes), Psiquiatra (‘Escuela José María Vargas’ Universidad Central de Venezuela),  Médico Cirujano (Universidad de Los Andes), Curso Medio en Salud Pública (Universidad de Los Andes) y Locutor (Universidad Central de Venezuela).   

Sus publicaciones se dividen en humanísticas y científicas.  

Obra humanística:  

La creación del rosado (Ensayos breves de filosofía práctica). Consejos de Publicaciones de la ULA. (2006). Reimpreso en 2007.  

Los peligros de comer cotufas (Ensayos breves de filosofía cotidiana). Consejo de Publicaciones de la ULA. (2007). Reimpreso en 2008.  

Historias de animalitos (Ensayos breves de filosofía corriente). Consejo de Publicaciones de la ULA. (2008).  

Suelo tomar vino y comer salchichón (Ensayos breves de filosofía ordinaria). Consejo de Publicaciones de la ULA. (2009).  

La verdadera historia de la perra caliente y otros relatos. Dirección General de Cultura y Extensión. ULA. 2008.  

Psicología. Lectura para Educadores. Ensayo publicado en 2008 por CODEPRE, y en 2010 la segunda edición aparece publicada por  el Consejo de Publicaciones de la ULA, reimpresa en 2014 y 2015.  

Para todos y para ninguno y otros ensayos. Consejos de Publicaciones de la ULA. (2015).  

Cuentos de monte y culebra. Antología de cuentos realizada en conjunto con Ricardo Gil Otaiza. Consejo de Publicaciones de la ULA. (2009).   

Obra científica:  

Psicología y contemporaneidad. Consejo de Publicaciones de la ULA. (2012). Reimpresa en 2014 y 2015.  

Los cambios psicológicos. Consejo de Publicaciones de la ULA. (2013).    

Además, ha publicado sus trabajos en revistas especializadas, tanto científicas como humanísticas y tiene en su haber una extensa producción de artículos de prensa en múltiples diarios.


Enlace ORCID: https://orcid.org/0009-0000-7760-8987 












miércoles, 18 de junio de 2025

Ella es mi gente

Antes del paso de cebra cercano a la estación de Bellas Artes, en Santiago de Chile, me consigo a una joven merideña, que además de ser de la ciudad donde nací, es una mujer bella, pero tan bella, que quedo paralizado observándola desde la acera. Sin poder evitarlo, como la conozco, la saludo a todo pulmón mencionando su nombre. Ella se queda paralizada y antes de ser arrollada por un autobús que avanza a toda velocidad, la jalo del brazo y la llevo hasta donde yo me hallo.  


Difícilmente un encuentro puede ser tan azaroso. Ambos nos emocionamos al vernos, hablamos de esto y lo otro, nos ponemos al día en lo que respecta a nuestras vicisitudes de origen, convenimos en tomar un café, luego una hamburguesa, un par litros de Heineken cada uno y hacemos que la noche de Santiago deje de ser fría para transformarse en alegre y festiva.  


¿Es ese encuentro con alguien anhelado algo casual u obedece a una cosa que va más allá de la simplicidad? ¿Es la atribución de una connotación más allá de lo común y corriente un acto de simplicidad? Son el par de preguntas que dan vueltas en mi cabeza a la par de sentirme como un león en el mejor de sus territorios. Aislado, fluctuantemente apesadumbrado y extremadamente exigido, la posibilidad de encontrarnos con alguien que es parte de nuestro mundo interior es motivo suficiente para darle entendimiento a tantas cosas que, por ocurrir una seguida de la otra, en ocasiones pierden su capacidad de asombrarnos.  


Eso me lleva a otra reflexión y es la funesta experiencia de perder esa cosa tan rara y que nos hace casi levitar que es la posibilidad de seguirnos sorprendiendo en el sentido más hermoso de la palabra, conforme vamos transitando por la vida. ¿Con qué me quedo de esta hermosa “casualidad”, a manera de ramalazo metafórico? Con la certeza de que ella forma parte de mi mundo o yo el de ella, al punto de que no puedo dejar de pensar que Ella es mi gente. Aquí, en Pekín, en Vancouver o donde nos hallemos, somos parte de una especie de selecta tribu, de sensibilidades afines y con una tragedia a cuestas que nos une y nos hace cómplices de un proyecto compartido que tiene que ver con la supervivencia, la resistencia y la más granada fortaleza de espíritu. Ni más ni menos.  


Ensimismado en mis planes y tratando de resolver lo concreto, la más bella de todas las musas ha pasado por delante de mis ojos. Debo apresurarme en no cometer errores y decidir si sigo creyendo en que las cosas no tienen qué ver una con otra o salgo desesperado tras ella, para invitarla a bailar en medio de la calle de la más oscura de las noches.




Publicado en el diario Frontera de Mérida.

domingo, 7 de julio de 2024

Incertidumbre como fin

 


La vida es movimiento lo cual no sólo es deseable, sino que forma parte de las cosas inevitables que determinan nuestra existencia. La vida enseña y da sus señales para quien se abre a la posibilidad de asumir cada día como una escuela de nociones (simples y complejas) que no se detiene. En la búsqueda propia de cada uno, aparece la necesidad de asumir algunos asuntos como ciertos para tranquilizarnos y armonizar nuestro mundo interior. Pero: ¿Qué pasa por la mente de quien asume que la relatividad es propia del camino y la incertidumbre es el fin último de nuestro paso por el mundo? ¿Se puede tener certeza vital en la medida que lo incierto es cuanto tiende a prevalecer?

Incertidumbre total

La idea de que lo incierto es el fin último de lo que hacemos y de que todo camino se puede elaborar con base en lo incierto, puede ser un desafío que genere desasosiego en algunos. En otros, la posibilidad de abrazar lo incierto es una forma de vivir intensamente y de llevar la existencia de buena manera. Si vivimos un día a la vez, con la templanza de quien siente que la vida invita a la aventura, cosechará lo incierto como fin último y lo asumirá como una instancia que paradójicamente genera certeza.

Incertidumbre cierta

Es una paradoja de esas que parece multiplicarse por mil. Así como hay quienes consiguen tranquilizar sus inquietudes con la idea de Dios, la ciencia, la política o el arte, de la misma manera quien asume que lo incierto es el fin último de cuanto creemos y hacemos, incorporará un concepto propio del estoicismo vital que se abre a la exploración y a la sensación de finitud como algo propio de lo humano. La necesidad de tener por ciertas algunas premisas es un acto humano muy comprensible, pero aparatosamente nos puede llevar a “creer en lo que sea” para sentirnos cómodos. Lo incierto, en la dimensión de quien busca el movimiento, también es una manera de generar comodidad, sólo que mucho más ambiciosa, como lo es cualquier idea que tenga que ver con el movimiento de las cosas.

Creatividades inciertas

Todo acto creativo es una apuesta a la incertidumbre. En la medida que se es original, se va transgrediendo lo que conocemos, por lo que cualquier actividad creativa, incluyendo pensar, lleva a la movilización emocional, lo cual a su vez conduce a resultados inciertos. Toda apuesta humana en el sentido creativo es una apuesta por tratar de hacer que no existan posiciones rígidas con respecto al fin último de las cosas porque el fin último, precisamente, es la incertidumbre que va generando cada apuesta de lo humano. Lo vemos en cualquiera de las disciplinas que se van cultivando. Incluso en aquellas maneras de asumir lo metodológico y tratar de esclarecer la verdad de las cosas. Precisamente el método (cualquier método) es un intento por no ser sobrepasado por el principio de incertidumbre vital.

Verdades inciertas y mentiras verdaderas

Se da en lo humano la posibilidad de ir generando verdades inciertas o medias verdades porque nuestra capacidad de entender las cosas llega hasta cierto límite. De ahí que muchos asuntos que pensamos que no tienen asidero en la realidad se constituyen finalmente como “mentiras verdaderas” o asuntos que se creían falsos y conforme pasa el tiempo nos damos cuenta de nuestro error. De ese relativismo total se pueden construir preceptos mucho más sólidos que aquellos que parten de posiciones dogmáticas y rígidas que no aceptan el mínimo cuestionamiento. La inteligencia, que es un reducto parecido a caminar por la cuerda floja, lleva al temerario acto de cuestionar lo que creemos cierto y generar incertidumbre. Se piensa en la medida que nos atrevemos a interpretar las cosas desde otros puntos de vista.  

El pasado, la memoria y las creencias

El pasado ya no existe. En primer lugar, por una cuestión temporal. En segundo lugar, y mucho más interesante, porque en relación con lo que hemos vivido, nuestros recuerdos se van alterando y lo que vamos aprendiendo no es “aprendizaje” como tal, sino falsas evocaciones, modificadas por nuestra imaginación o en el mejor de los casos, el pasado es una modificación perceptiva de la cual va quedando registro en nuestra memoria, la cual se va alterando conforme va pasando el tiempo. No nos recordamos de las cosas que pasaron, sino de la manera como creemos que pasaron las cosas. Esa doble forma de leer el pretérito hace que la certeza de lo que hemos vivido se encuentre más cercana a lo incierto que a la realidad. Las creencias, por su parte, son la reconstrucción de la forma como vamos asumiendo aquello que tenemos por cierto, basándonos en posibles falacias de origen. Todo este malabarismo de elementos hace que seamos seres individuales, inéditos y agentes de múltiples experimentaciones, todas falseadas por nuestra posibilidad de percibir y de modificar los recuerdos. El camino de la incertidumbre nos abre la puerta a sentirnos invitados a pensar en las múltiples opciones que podría tener la existencia. Eso ya es una invitación invaluable y por demás deseable.

 

Santiago, 07 de julio de 2024.

Publicado en varios medios de comunicación a partir del 07 de julio de 2024. 

domingo, 30 de junio de 2024

Las mejores influencias

 


Somos producto de todos los elementos que nos influencian para crear nuestro ser. De estas influencias parte la idea de identidad, que es lo que nos permite mostrarnos desde nuestras particularidades. Las influencias tienen dimensiones éticas, estéticas y propensas a trascender. Estas tres maneras de entender aquello que influye en nuestras vidas pueden explicar el origen y fin último de lo que hacemos como sujetos y como colectivos.

Aspectos buenos y malos

Lo bueno y lo malo, asumido como valor, alcanza un nivel ético. De ahí que, en un inicio, somos capaces de adjudicar un carácter deseable sobre aquello que tenemos en mente como bueno. Si cultivamos algo y especulamos que es bueno, entonces esta creencia va a definir los asuntos propios de lo que pensamos y hacemos. No hay diferencia entre un juicio que creemos bueno y un prejuicio. Sólo son maneras de categorizar aquello en lo cual creemos y es un intento de darle sustento a lo que hacemos. En la medida que vayamos definiendo las cosas por su carácter valorativo, iremos construyendo la realidad básica de la cual parten las demás.

Lo estético como norte

Hay un lado estético en toda manera de ver y entender los asuntos. Hay una estética del pensamiento y como consecuencia, existe una estética de la conducta. En todo esto apostamos sabiendo y sin darnos cuenta, porque es propio de lo real que tenga un carácter estético como también ocurre en las representaciones más abstractas que podamos crear. Hay una estética visual, perceptiva, de mostrarnos y por supuesto, de ocultarnos. La estética es una condición necesaria porque de ella parte la imagen de todo lo que hacemos, pensamos o creamos. Esa estética es una de las cualidades más humanas de cuanto hacemos, porque lejos de tratar de armonizar con lo circundante, lo estético también se manifiesta en claras rupturas con el entorno. De toda ética parte una estética.

El sentido de trascendencia

Todo lo humano, en particular si tiene arraigo ético y estético en cosas particulares, potencialmente puede trascender. La trascendencia de aquello que nos identifica es siempre un asunto que parte de un punto inicial y eso lo convierte en algo “local”. De esa tendencia al localismo parte la posibilidad de que algo que tengamos en mente se pueda universalizar. De hecho, cuando vemos las cosas más trascendentes de lo humano, parten precisamente de asuntos provincianos.

¿Por qué se universaliza lo particular?

Sólo se puede universalizar lo particular, local o provinciano, porque tiende a tocar la esencia de los asuntos que nos unen a todos los seres humanos. Es una paradoja perfecta, pero sólo se trasciende en la medida que se exalten los elementos que constituyen la dimensión ética y estética de lo que forma parte de nuestras vidas. Sin localismo, no puede haber trascendencia, porque la trascendencia es precisamente la universalización de lo particular. En la medida que esa paradoja pueda ocurrir, nuestra capacidad de comunicarnos aumenta.

Buenas influencias

Buenas y malas influencias tenemos todos. En cada proceso de germinación de las cosas particulares, existe un montón de elementos que van a influir para que algo se vuelva trascendente. Ocurre una influencia propia que generan los resultados de aquello que vamos experimentando. La influencia de nuestros pares es fundamental porque calcamos sabiendo y sin saber, muchas de las cosas que nos identifican. Existe la influencia de nuestro entorno, con todo el peso que se requiere para sobrellevar la socialización y sobre adaptarnos a las circunstancias. Hay influencias propias de la época, las cuales determinan que mucho de cuanto pensamos y hacemos sea más por presión que por convicción. Las influencias propias del tiempo en el cual se vive tienden a nublar la claridad de pensar.  Las influencias históricas, vengan del pasado o de lo que se ha generado en el presente, marcan nuestro rumbo. También están las influencias propias de nuestra imaginación, que en muchas ocasiones son tan determinantes que pareciera que vamos por la vida como si soñásemos despiertos.

Cada una de estas instancias nos modifica y va condicionando lo que vamos siendo. Estamos en un permanente proceso de transformación que puede llevarnos a los senderos más insospechados, porque es muy difícil saber en qué momento y por cuál circunstancia habremos de cambiar el rumbo de lo que vamos construyendo día a día.

Los seres humanos tenemos influencias que van, desde cosas puntuales como lo que tenemos como creencias y lo que nos imponen desde otros ámbitos como los caprichos temporales que constituyen la moda. Lo más pesado de todo este ejercicio, a mi entender, es que se trata siempre de la práctica de ensayos y errores repetidos hasta el infinito. Es asunto de ir probando y ver cómo resultan las cosas. Lo considero un gran peso, porque tener que dar vueltas y remediar nuestras experiencias fallidas pareciera ser algo esencialmente humano, por consiguiente, siempre va a ser de esta manera.


Santiago, 30 de junio de 2024.

Publicado en varios medios de comunicación a partir del 30 de junio de 2024. 




domingo, 23 de junio de 2024

El arte de no pensar

 


El vacío de realidad puede ser la peor sombra. Psicológicamente alguien es asertivo en la medida que expresa su opinión de manera firme y con seguridad, respetando las ideas de los demás. En la práctica se traduce en el arte de lidiar con las personas generando la menor tensión posible y es un acto que socialmente se valora y se tiene en alta consideración. La esencia de ser asertivo puede verse como un intento de conciliación con las posturas de los demás, pero en muchos casos está relacionado con la capacidad de ceder con respecto a las cosas en las cuales creemos con la finalidad de encajar en el grupo al cual pertenecemos. Una sociedad permite que seamos asertivos en la medida que cultive y respete un mínimo de valores. En esos casos es posible ceder para avanzar. Pero si la sociedad no se vale de la democracia para construir un proyecto, simplemente está condenada a ser errática y generar sufrimiento.

Es mucho más sencillo y ligero apegarse a lo que opinen o piensen otros. Esa actitud inicialmente genera menos tensión porque se acepta la posibilidad de acoplarnos a la dirección que señale la manada sin cuestionar. La persona que hace intentos por pensar y generar su propia idea de las cosas corre el peligro de parecer una amenaza. De ahí que pensar por cuenta propia tiene sus riesgos y más esfuerzos debe realizar quien se atreve a hacer del conocimiento público sus ideas. Es más sencillo dejar de pensar y que el piloto automático de la inercia tome el rumbo de nuestras vidas.

Pensar, que a fin de cuentas lleva a cuestionar, tiende a generar escozor, incluso en el mundo académico. Con cierta recurrencia aparece alguna figura que se hace notar por sus ensañamientos contra las disciplinas humanísticas o a las que invitan al pensamiento crítico como manera de entender el mundo. Es más fácil cuestionar el pensamiento que a los problemas que se generan desde las diferentes instancias en donde se decide el futuro de los demás.

En ocasiones, como bien señalaba el legendario Rector de Salamanca “callarse es una forma de mentir” y quien en un alarde de habilidad social calla ante una situación inaceptable, está siendo cómplice o acompañando a personas con las cuales no comparte puntos de vista desde la esencia de lo valorativo. De ahí que, en muchas ocasiones, quien no piensa o no dice lo que piensa para no meterse en problemas se está metiendo en un lío incluso mayor cuando esa conflictividad con la cual no se quiso enfrentar, le afecte directamente su vida personal. En democracia, afortunadamente el voto resuelve estas cosas y donde no existe o no vale el voto, las sociedades están condenadas a autodestruirse.

Una de las cosas más interesantes de lo contemporáneo y paradójicamente es un tema que por obvio parece insulso es el resurgimiento de las ideologías y su intento de posicionamiento sobre la realidad. Parecía un asunto ya superado por cuanto uno podría pensar que la humanidad aprende de acuerdo con las experiencias vividas, pero por lo que parece, más vale aquello que conocemos y no queremos controvertir. Incluso podemos terminar creyendo que es mejor dejar de pensar. Las “nuevas” matrices de ideas de la contemporaneidad se terminan convirtiendo en “nuevas ideologías” que a su vez terminan siendo tan falsas y fallidas como las de siempre.

De estas consideraciones parte esa especie de premiación a quien se amolda a lo que le dicta el entorno y no se atreve a cuestionar asuntos obvios para no meterse en problemas. A comienzos del siglo XXI se planteó la ilusión de perseguir un sueño en el país de donde vengo. Los creadores de ese intento de soñar trataron de que la realidad calzara con las ideas y pasó lo que siempre ha ocurrido en el curso de la civilización. El lugar de donde vengo se fue a un despeñadero de antología y la necesidad de no pensar no sólo se volvió lo predominante, sino que terminó por minimizar cualquier intento de ser asertivo. Un cuarto de siglo fallido se enfrenta a una nueva encrucijada y los resultados están por verse. Es la eterna historia repetida de tratar de calzar un ideario con lo real. Los sistemas democráticos abrazan la idea de que se puede disentir en cualquier circunstancia y la opinión no puede ser considerada un delito. Todo sistema que se aleje de la esencia de lo democrático está destinado a distorsionarse y volverse patibularia tarde o temprano contra el hombre de bien. La realidad malsana no puede revertirse por decreto y tratar de hacerlo es escandalosamente cruel.

En términos sociales, los sistemas democráticos son asumidos como modelos que respetan los valores de convivencia. Las formas de proceder más retorcidas aparecen cuando se implanta el vacío de realidad. Creo que el lugar de donde vengo cayó en ese acantilado y resolverlo ha sido y sigue siendo un imperativo categórico.

 

Santiago, 23 de junio de 2024.

Publicado en varios medios de comunicación a partir del 23 de junio de 2024. 




domingo, 16 de junio de 2024

Ansiedades, carácter y templanza

 


La ansiedad es la sal de la vida. Sería un auténtico despropósito pretender que podemos vivir sin las ansiedades que nos acompañan. Cuando están en su punto medio, nos permiten visualizar metas en función del tiempo y trazar los propósitos que harán que se vaya construyendo nuestro futuro. Sin una ansiedad justa y necesaria estaríamos permanentemente paralizados, sin brújula que nos oriente y organice. Por eso, lejos de verla como enemiga, es una aliada que debemos tratar de comprender y abrazar.

Malas ansiedades también las hay y nos pueden llevar por los dos despeñaderos clásicos que tienden a generar: 1. Paralizarnos ante lo que se nos presenta. 2. Exaltarnos a tal punto que dejamos de pensar claramente por el miedo. Cuando la ansiedad nos paraliza, no podemos organizar nuestras vidas, las ideas no fluyen o nos entrampamos con una especie de tormenta de ideas y sentimos que no podemos avanzar. Cuando la ansiedad nos exalta, el miedo se va apoderando de nosotros, no vemos las cosas con claridad o sencillamente no las vemos y lo cotidiano puede parecernos amenazante. De ese calibre es el asunto. Por eso, lejos de espantarnos, es posible entender que a veces, nos va a jugar una mala pasada y precisamente porque somos seres humanos, es que podemos tratar de hacer el viaje mínimo a nuestro mundo interior y tratar de deshilachar las cosas propias de lo ansioso.

El desarrollo del carácter y la templanza no son ajenos a las interrupciones que pueden hacernos nuestras propias debilidades. Precisamente lo meritorio de desarrollar carácter y temple es que nos sobreponemos a nuestros temores sin que estos nos abandonen.

Es prudente tomarse un tiempo para tratar de entender estas cuestiones y poder ponerlas en su lugar. Cuando enfrentamos un asunto que nos genera tiranteces, lejos de pensar que somos débiles porque nos tensionamos, el foco debe centrarse en ver lo fuertes que podemos ser. La fortaleza se comprueba cada vez que llegamos a una meta, por aparentemente pequeña que sea. En cuestión de logros, no hay ganancias pequeñas.

Cuando existe un propósito, la persona, en general, tiende a estar sobre exigida. Tanto por el entorno como por sí misma. La necesidad de cumplir con las metas mínimas para poder vivir hace que seamos hiper exigentes con las cosas que nos trazamos u otros nos trazan como metas. El arte va de la mano con tener la claridad de miras para entender que cada esfuerzo que hacemos es muy meritorio y somos los grandes héroes de nuestras historias cotidianas. En cada pequeño espacio en el que nos desarrollamos podemos ver que nuestro potencial es grande, pero con frecuencia ni siquiera lo vemos por estar ensimismados en nuestros propios temores, muchos de los cuales son infundados.

Hay un sentido de realidad mínimo que evita la locura y el tropiezo repetido. Cuando lo encontramos, la ansiedad tiende a minimizarse porque baja esa propensión de muchos a exigirse más allá de sus capacidades. Un buen baño de realismo diario es conveniente para quien aspira a tener una vida medianamente equilibrada. Por más que lo intentemos, no podemos vencer a una tormenta.

Por otro lado, y desafiando al sentido de realidad práctico, somos personas con aspiraciones vitales en la medida que soñamos. Los sueños nos elevan porque a través de ellos construimos realidades posibles o imposibles pero lo más importante de todo es que cuando soñamos nos trazamos una ruta de metas por conseguir. Empobreceríamos nuestra vida si le cerramos la puerta a los sueños. La tensión que generamos en nuestra esencia cuando nos movemos hacia adelante, es un triunfo personal que en ocasiones no vemos. El auto reconocimiento de lo que alcanzamos es un acto imprescindible para continuar avanzando. A falta de aplausos de los demás, merecemos aplaudirnos a nosotros mismo.

Entre ansiedades podemos sucumbir y la consecuencia es que nuestros sueños queden maltrechos. Un poco de sentido común, a través del cual seamos capaces de entender que nuestros propios límites son necesarios y que apostar en grande también es necesario. Hay que adecuar las cargas para que no nos vayamos de lado. El ajuste de los pesos es una manera de entender que existe el buen vivir.

Cuatro puntos cardinales limitan y a la vez expanden todas las posibilidades del ser. La puerta de entrada a la casa es la salida al mundo. El mundo, que tiende a invitar a la aventura, nos está esperando para que, con pasos cautelosos y paradójicamente atrevidos, lo podamos descubrir. El viaje humano es un tránsito a través de cosas a las cuales hay que adjudicarle sentido. Es una construcción de cada día que requiere tenacidad. Salidas y puestas de sol nos acompañan cada día si somos lo suficientemente avispados para tener los ojos abiertos. En general, ser consecuente permite que lleguemos a ese lugar que deseamos.


Santiago, 16 de junio de 2024.

Publicado en varios medios de comunicación a partir del 16 de junio de 2024. 



domingo, 9 de junio de 2024

La continuación de la historia

 


En la orilla de una playa del Atlántico se me acerca un vendedor de collares de cuenta y casi con vergüenza le señalo que no estoy interesado en comprarle. Con gran agilidad, me pone un collar contra el mal de ojo en el cuello, me coloca otro pequeño en la mano, y me regala un inmenso collar para mi esposa. Le explico que no tengo dinero para pagarle y asombrosamente me responde que lo sabe y que no debo cancelar nada. -Usted es un buen hombre-, me dice con un acento pronunciado, mostrando solo media docena de dientes a través de su sonrisa.  

- ¿Por qué me dice que soy un buen hombre? – le pregunto con curiosidad y sin vacilaciones.

Como si hubiese ensayado la respuesta, contesta:

-Porque es la única persona que no me ha despreciado.

“Seguramente nos volveremos a ver y podrá pagarme”, me dijo cuando le señalé que no sólo no tenía plata, sino que mi avión partía en horas. Salí de la isla con una agradable sensación de sorpresa. Un señor arrugado y notablemente avejentado nos había regalado unas prendas sin esperar a cambio nada material. Imagino que ese desconocido estará satisfecho con saber que no me olvido una deuda y menos de una buena acción. Ya habrá tiempo para devolverle su gesto.

En ocasiones, en mis viajes, pareciera que lo que ocurre fuese una puesta en escena de una obra de teatro que se va repitiendo una y otra vez, hasta el infinito. Lo que me asombra es que, haciendo una depuración de las experiencias vividas, la generosidad tiende a triunfar, lo cual no deja de parecerme raro.

“Tal vez, creo, me parece o puede ser.” Son términos que me agradan. Disminuyen la dureza de una frase y dan pie a la posibilidad de aceptar como premisa que lo que pensamos y decimos no sea categórico, sino que se trata de una verdad a medias o una fatua mentira. Incluso se crea una paradoja, porque si decimos Tal vez, creo, me parece o puede ser con convicción y honestidad, la frase adquiere una claridad y convencimiento que puede remontar lo real.

Escribir, lejos de parecerme algo que requiere un esfuerzo, se asemeja un poco con la acción del vendedor de collares, que no sabe si iban a ser de mi agrado, pero me los obsequia con una convicción total. Imagino que de eso se trata la relación que uno establece con las demás personas, incluyendo la que se genera con quien puede leer este texto…creo.

Del gesto o el detalle, incluso de lo mínimo, de un punto, es donde se logra construir. Se pueden generar entramados, laberintos y castillos que se suceden uno tras otro, como en los complejos residenciales populares. De lo inmediato y preciso es de donde parte lo trascendente y universal. Cuando se trata de construir una secuencia de palabras que den sentido a lo que pensamos, no deja de ser prudente el permitirle un espacio a lo aparentemente absurdo, a la ceguera de escuchas y sordera de miras. Los callejones sin salidas pueden preceder amaneceres.

La isla es tranquila y plácida. Precisamente eso nos recuerda que por acá pasan vientos y corrientes marinas pronunciadas. El equilibrio entre la pequeñez de la tierra en donde descansamos contrasta con la inmensidad del mar. Del Pacífico al Atlántico el cambio es tan desmedido que hasta se modifican los colores. Los mares, lejos de ser un gran conjunto, se convierten en una de muchas posibilidades. No existen los azules del Pacífico en estas aguas tranquilas. Aparecen tonos verdes que hacen de la gama de colores un asunto rudimentario. Hay colores que ni siquiera los puedo describir, porque creo que no los había visto antes. El viaje, bien sabido, es en realidad un recorrido que incluye hasta la distorsión de la percepción de los sentidos. Los absolutos se van diluyendo, haciendo que imaginación y realidad pierdan los límites y confluyan en un mismo lugar y a la vez en ninguna parte.

Una vez, en un pueblo inventado, de gente inventada, se le ocurrió a uno de sus habitantes escribir una historia sobre la gente que le rodeaba, que en realidad no existía. La cuestión no pudo ser más grave cuando todos a quienes nombraba en su obra, se dieron cuenta de que la persona que los había creado no era real. Por un asunto relacionado con derechos de autoría, los habitantes del pueblo inventado demandaron al autor que se dedicaba a escribir sobre ellos, quienes estaban conscientes de su propia inexistencia y de la inexistencia del autor. El caso fue muy sonado y comentado en las redes sociales hasta que el hombre que escribía puso fin a su vida, haciendo que tanto él, como quienes le rodeaban desaparecieran, dejando doblemente aclarado que ni él ni quienes le rodeaban habían existido. Se desconoce la razón por la cual la noticia sigue circulando en las redes, toda vez que esa realidad jamás existió. Un reconocido historiador parece estar detrás de todo esto.



Santiago, 09 de junio de 2024.

Publicado en varios medios de comunicación a partir del 09 de junio de 2024. 

sábado, 1 de junio de 2024

El “proyecto humano”

 


Con el auge de la llamada “inteligencia artificial”, que a mi juicio es una manera desafortunada de nombrar a este fenómeno, una de las cosas que se asoman como logro, es el desplazamiento del ser humano por la tecnología en el área laboral. Dicho de otra manera, con la finalidad de abaratar costos con el uso de personas y minimizar empleos, las máquinas van a sustituir al hombre. Esto, que en realidad es un anhelo que no es de ahora, y que venía avanzando en muchas áreas, tuvo un auge muy importante durante la pandemia. En América Latina se ha materializado en cosas tan tangibles como la sustitución de las personas en las cajas de los supermercados por el “autoservicio” y un montón de ejemplos que ilustran lo que planteo. Se vienen muchas cosas más, por supuesto.

Este fenómeno, que se constituye en una suerte de utopía en donde el ser humano no tiene cabida sino para que la tecnología lo maneje, tiene un riesgo incluso mayor que el de sustituir a las personas por máquinas en los trabajos (un ya viejo y conocido anhelo humano). Se trata de llevar lo interpersonal a un terreno en donde se minimice el contacto emocional entre las personas. Un mundo diseñado a la suerte de lo que se está pensando es un lugar ajeno a la sensibilidad propia de lo humano y a la afectuosidad que nos caracteriza.  

La evolución es una cualidad que permite que unas especies sobrevivan a su medio de acuerdo con su capacidad adaptativa. El ser humano, al contrario de otros seres vivos, hace un montón de años rompió con la naturaleza y desvió el curso de la especie a otro rumbo, distinto al de las demás que habitan la tierra. Esa ruptura con la naturaleza, que define y es la esencia de los actos de lo humano, ha terminado por aterrizar en la sociedad que hemos logrado desarrollar en el presente. El gregarismo llegó al extremo de construir la gran urbe y la ciudad se convierte en el centro de cuanto aspira y teme nuestra especie.

Muchas personas se han sentido decepcionadas porque casi a la par del fin de la pandemia, se ha expandido aún más lo tecnológico en nuestras vidas, deshumanizando los vínculos interpersonales, pero lo que podría ser peor ya está pasando: 1. Guerras en el mundo, ante las cuales el común denominador de las grandes mayorías es la indiferencia. 2. Surgimiento de fenómenos que habíamos creído superados como el de los liderazgos de manada, de tipo carismático que hacen que se desaten las grandes pasiones.

A mi parecer, el auge de estos liderazgos que generan emociones extremas en las personas es una consecuencia de la frialdad con la cual se intenta manejar nuestras sociedades y viene a satisfacer una necesidad propia de lo humano. Dicho de otra manera, el liderazgo que exalta las pasiones en la manada humana parte de una necesidad que se satisface con la existencia de estas personalidades. No es casual la presencia de estos liderazgos hiper emocionales en una civilización que apuesta por el alejamiento de las sensibilidades. Una cosa implica la otra, balanceando el sistema. Por otra parte, la expansión de lo tecnológico en las nuevas generaciones tiene como consecuencia la hiper exaltación de lo emocional a través de la tecnología, disociando al sujeto de lo real y propiciando que se deshumanice ante lo que le circunda.

Los siglos XIX y XX fueron épocas en las cuales las utopías se materializaron y el resultado fue aterrador. Con la puesta en práctica de las ideas, surgieron totalitarismos que dejaron su huella. El asunto humano tiene que ver conque en el siglo XXI nos quedamos sin ideas, ante lo cual se plantean dos opciones: Reciclar las ideas fallidas o generar nuevas necesidades, muchas de las cuales son “falsas necesidades” todo lo cual parte de la propensión humana de demandar creer y a aferrarse a asuntos que le generen certeza. Se busca creer en un constructo para darle sentido a la vida. Viéndolo de esta manera, es posible entender que no existe un “proyecto humano” y cuando se ha tratado de materializar alguno, han surgido formas muy primitivas de poder y sometimiento colectivo.

Lo tecnológico, además de ser una instancia de movilización exponencial de la información, lejos de llevar al ser humano a desarrollar mejores estilos de vida, lo hunde en la ignorancia de quien se ve ahogado en un montón de información que termina siendo tan superficial como inútil. Por eso, a pesar de las buenas intenciones y de los mejores deseos que se puedan tener, todo aquello que podemos pensar, tarde o temprano se va a materializar en algo tangible y práctico. La experiencia ha demostrado y sigue demostrando que una cosa son las ideas y las buenas intenciones y otra la realidad. Ideas y realidad suelen estar disociadas, lo cual lleva a una paradoja mayor en quienes relativizan la realidad. Si existen “varias realidades” o la realidad es relativa (puede ser lo mismo), se genera un distanciamiento todavía mayor entre las ideas que consideramos buenas y el pisar tierra. La dura realidad (llámese como la quieran llamar) se terminará saliendo con la suya. 

Santiago, 01 de junio de 2024.

Publicado en varios medios de comunicación a partir del 01 de junio de 2024.